Crónica del congreso Languages Lanean
La semana pasada tuvo lugar Languages Lanean, un congreso sobre la gestión lingüística en el marco de la actividad económica organizado por el Gobierno Vasco. Como traductora, el tema me pareció interesantísimo, así que me apresuré a reservar plaza y bien que hice, porque el aforo se llenó enseguida. ¡Fuimos casi 600 asistentes!

En primer lugar, debo admitir que salí decepcionada porque, con todo lo que se habló sobre la inteligencia artificial, nadie mencionó la propiedad intelectual de los textos obtenidos sin permiso, el terrible impacto medioambiental que generan los servidores (y que no nos podemos permitir en medio de la crisis climática que ya estamos viviendo) ni la precarización laboral a la que contribuye. Incluso dejando de lado los aspectos éticos del uso de esta tecnología, en un congreso multilingüe que solo fue posible gracias a la interpretación simultánea, ¿acaso hubo alguien que pensara: «en la próxima edición, en lugar de contar con el servicio de un equipo de intérpretes que saben lo que se hacen, ojalá pueda seguir las ponencias mediante una voz mecánica que produce más errores que frases con sentido»? En cuanto a las empresas que con tanto orgullo exhibían el lugar de la traducción automática en sus planes lingüísticos, ¿son conscientes de la imagen que dan al dejar la comunicación con sus clientes en manos de programas alimentados por textos de dudosa procedencia, que después revisan como pueden personas obligadas a hacer jornadas maratonianas para alcanzar algo parecido al salario mínimo?
Por suerte, no todas las intervenciones fueron fantasías tecnológicas. De hecho, la presentación de Guro Refsum Sanden fue todo un ejemplo de realismo y buenas prácticas de gestión de idiomas. Además de resaltar el valor de la traducción y la interpretación para cubrir las necesidades lingüísticas en las empresas multilingües, expuso otras herramientas como la formación en idiomas, la contratación selectiva y la figura del mediador lingüístico, que se encargaría de la comunicación entre la sede central y las filiales en otros países. Más adelante, en la mesa redonda de PYMES, tuvimos la oportunidad de conocer casos reales de empresas que han dado prioridad a la gestión de la diversidad lingüística, como Eraman Koop, una cooperativa de reparto en bici formada por personas de ocho países y cinco lenguas maternas, o el Tanatorio Izarra, donde desde el principio tuvieron claro que ofrecerían sus servicios tanto en castellano como en euskera.
También me pareció muy esclarecedora la ponencia de Johann Hägmann, que explicó por qué es importante promover la oficialidad de las lenguas regionales y minoritarias en la Unión Europea y achacó a criterios económicos la falta de unanimidad por la que fracasó el último intento, pese a que la política lingüística solo constituye el 1 % del presupuesto anual de la UE. Como bien dijo, la financiación es esencial para proteger las lenguas minoritarias, no solo porque resulta indispensable para llevar a cabo ciertos proyectos, sino también porque otorga reconocimiento político tanto a dichas lenguas como a las naciones minoritarias que las hablan.
Por último, quiero destacar la mesa redonda moderada por Xabi Paya que puso el broche final al congreso, en la que Esti Urresola y Pello Reparaz reflexionaron sobre el uso del euskera en sus obras artísticas, el interés que despierta este idioma el extranjero y las puertas que les ha cerrado y abierto su elección lingüística. Fue la conversación ideal para cerrar el evento con una nota optimista.
En definitiva, fueron dos jornadas de lo más instructivas y, aunque hubo cosas mejorables, acabé con buenas sensaciones tras comprobar que, por mucho bombo que se le siga dando a la IA mientras dure la burbuja, no son pocas las personas y empresas conscientes del valor de cuidar las lenguas con las que trabajan, tanto desde la perspectiva de la responsabilidad social como para adaptarse a las necesidades sus clientes y empleados.